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Notas de supermercado

Se me ocurrió apuntar en mi ipod pequeñas notas de lo que pienso durante algo tan simple como ir de compras. Acabo de darme cuenta que esto ya tiene un nombre, Twitter.

Llego a San Miguel y hay neblina por todos lados. Pienso que la neblina que la cubre es la misma que esta mañana estaba sobre Miraflores cuando entraba al trabajo, pero no puede ser la misma porque esta neblina huele a pescado. De suerte ese olor hediondo termina en la entrada del supermercado a donde me dirigía.

Siempre compro en Wong, a pesar de que los precios sean un poco mas altos, debido a que esta mas  cerca de mi casa. Hay otro supermercado mas barato a menos de 100 metros pero me da flojera cruzar la avenida.

Entro al super y empiezo a rondar las columnas hasta que me detengo en la sección de galletas, no se porque. Tomo conciencia y busco lácteos, se me esta por acabar la leche. Al tomar una caja recuerdo que no tengo donde ponerla. Siempre olvido tomar un coche a la entrada. ¿Porque colocan los coches a la entrada? Deberían pensar en los compradores distraídos que entran a la tienda y se dan cuenta que necesitan un carrito luego de tener ya 4 productos en las manos.

Me dirijo a traer un carrito con la esperanza de encontrar uno vacío en el camino, pero esta vez no tengo suerte. Entro con el carro y voy en busca de yogurt, recuerdo que me queda media caja de cereales que yo daba por perdida. Cuando compro cereales acostumbro vaciar el contenido dentro de su propia caja y boto la bolsa que lo contiene. Al cabo de unos días si no he consumido todo el cereal este se echa a perder debido a la humedad de la ciudad. Decidí probar dejando las hojuelas en la bolsa, solo para ver si duraba mas. Ayer probé una hojuela y estaba seca tras reposar dentro de la caja por casi un mes. Elijo Vainilla Francesa, la única que puedo comer con mis cereales.

Siempre intento conducir mi carrito con estilo, como un niño. Ya no me subo sobre él ni hago sonidos de carro con la boca, pero me gusta pasar por los lugares mas estrechos, guiarlo con una mano o empujarlo con la fuerza precisa para que se detenga donde yo quiero.

Paso por la sección de panes y compro los últimos panes que quedan, los mas feos, los que nadie quiere. Hasta el momento solo tengo 2 cosas en mi carro. Pienso que debo comprar solamente lo que recuerde, así sabre cuando mágicamente desaparece algo. Hemos tenido (yo y mis vecinos de piso) un robo sistemático de víveres desde que me he mudado con ellos. A todos nos han robado algo. A mi se me han perdido mas cosas, pues soy el que mas compra. No me queje al principio porque pensé que lo que faltaba si me lo había comido pero me estaba olvidando (los que me conocen saben que eso puede pasar), hasta que se les empezó a perder comida a los demás. Como no podemos acusar a nadie hemos culpado de estas desapariciones al “fantasma de la comida”. Nosotros sabemos que ese fantasma no es mas que el seudónimo de alguien real. Al menos así tenemos como llamarlo.

Cuando voy de compras nunca recuerdo que me falta, siempre digo que debo hacer una lista pero nunca me acuerdo de ella cuando se me acaba algo. Por eso recorro todo el super con la esperanza de tomar todo lo necesario.

Tengo hambre, pero soy incapaz de prepararme algo que realmente alimente. Hay una larga cola para comprar tortas. Las tortas alimentan y son ricas y lo mejor de todo es que solo necesitas un plato y un cuchillo para servirte.

Recuerdo que la madre de Malwi (mi futura suegra) piensa, gracias a su hija, que aquí comemos feo. Pero no es que aquí comamos feo, es que yo como feo. No la he llevado a un lugar donde se coma rico y en los pocos sitios donde comimos durante nuestras vacaciones no tuvimos la oportunidad de tener una comida para chuparse los dedos. Pienso: “Soy un pésimo embajador de la comida peruana”. Tengo que aprender a hacer algo muy rico para demostrarle a mi suegra que en Perú si come bien.

Una cosa que detesto de Wong a horas punta es el tener que pagar. Siempre que entro olvido que para salir tendré que hacer una larga cola como los demás. Aquí, un día previo al feriado largo, las cajas están abarrotadas y aun así la tienda se da el lujo de tener la mitad de sus cajas cerradas. La cajas rápidas tienen las colas mas largas, yo llevo coche.

Un comprador cumple años y los únicos que aplauden son los empleados, los clientes no están de humor.

Mientras estoy en la cola estornudo. Nadie se asusta. Imagino que si estuviera en México me mirarían con miedo y me llamarían la atención.

Luego de mis compras recuerdo que mi pa me estuvo llamando mientras estaba en clase y lo llamo mientras camino al baño. Entro al baño distraido y dejo mis bolsas en el suelo, luego camino en circulos porque tengo una mano ocupada y necesito las dos. Como la llamada no termina y realmente quiero usar el baño decido entrar en un cubiculo y empiezo a buscar el cierre de mi pantalon con la mano que me queda. En eso veo entrar una niña y quito mi mano de donde estaba. Salgo y le digo con extrañeza que este es el baño de hombres, pero mientras lo decia pense que si no era yo el que me habia equivocado y termine mi frase con un tono de interrogación. Tome mis bolsas y revise la figura de la puerta. Podria calificar la imagen como un hombre si es que no la hubiera comparado con la que aparecia en la puerta del baño de hombres. Discimulo mi vergüenza continuando mi conversacion por el telefono, para suerte mía no habian mas mujeres en los alrededores.

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